Si no hubiera vandalismo

Entre julio de 2011 y abril de 2012 se sustrajeron 60 de las 100 bicicletas del sistema de bicicleta pública de Áviles. La mayor parte de esos robos se produjo cuando la bicicleta estaba devuelta incorrectamente en el anclaje de la estación. Para disuadir a los ladrones, la nueva flota de bicicletas que implantará el Ayuntamiento de Avilés será de un modelo y color llamativo de modo que sean fácilmente reconocibles en caso de robo (La Nueva España). En París y Lyon ya detectaron este mismo problema hace unos años y cambiaron el sistema de anclaje para facilitar la devolución de la bicicleta y hacerla más segura. Espero que también apliquen esta medida en Avilés.

En Palencia también tienen problemas de vandalismo y éste viene de lejos. El sistema contaba originalmente en 2008 con 45 bicicletas financiadas por el Ente Regional de la Energía. De esas 45, en 2011 quedaban 17 y la mayoría no estaban disponibles por estar reparándose. La empresa operadora del sistema, Urbaser, está obligada por contrato a mantener al menos 20 bicicletas disponibles al público, por lo que este verano adquirió 10 nuevas bicicletas que costaron 3.000 euros. Pues bien, en los últimos tres meses ya han desaparecido 8 de esas 10 bicicletas. El Ayuntamiento se reunirá con Urbaser para encontrar una solución (El Norte de Castilla). Y está claro que hace falta. Por un lado falta civismo por lo que habrá que actuar con campañas de concienciación y por otro seguramente falten medidas de seguridad.

Anclajes deteriorados tras arrancar las bicicletas en Valencia. Foto. A.L. Las Provincias

Más allá de lo que pueda parecer, el vandalismo no sólo es cosa de sistemas pequeños. Si no que se lo digan a los valencianos, que amanecieron la semana pasada con 9 de los 16 anclajes de una estación de Valenbisi destrozados. Al parecer alguien forzó los mecanismos para arrancar las bicicletas y llevárselas (Las Provincias).

Las cifras de robos deben cogerse con pinzas porque algunas bicicletas sustraidas se terminan recuperando. Sin embargo, se puede afirmar sin miedo a equivocarse, que los robos y desperfectos intencionados son uno de los mayores costes de la bicicleta pública. Es más, yo diría que la bicicleta pública es cara principalmente por el vandalismo. Si todos fueramos mínimamente cívicos, tratáramos los bienes públicos con respeto y no hubiera amigos de lo ajeno, los sistemas los sistemas de bicicleta pública no serían tan caros porque no necesitarían de tanta tecnología, de tarjetas de crédito, ni de grandes multinacionales. Estaríamos en el origen utópico de la bicicleta pública creado por el movimiento provo en 1965 o simplemente en una sociedad que valora los bienes colectivos tanto o más que los individuales. A lo mejor es demasiado pedir, pero no debería serlo.

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