Quién sabe dónde y por qué

En 2008 nacía Combici, el sistema de bicicleta pública de Santiago de Compostela. Tras algo más de tres años de singladura, en noviembre de 2011 el ayuntamiento de la ciudad decide que el servicio se ofrezca únicamente en verano, en vez de todo el año como hasta ese momento, cerrando sus puertas hasta la primavera de 2012. La reducción del servicio se basó en que “en la temporada en otoño, invierno y principios de la primavera, el número de usos bajaba de manera significativa debido a las inclemencias meteorológicas y a la disminución de la seguirdad debido a las pocas horas de luz” (Tussa-1). Vayamos por partes. Primero, que en el invierno gallego haya menos préstamos que en el verano no sólo es normal, sino que es previsible, por lo tanto no debería motivar tal decisión. Supongo que lo que se quería decir era que el número fue más bajo de lo esperado (si es que hubo estimación previa). Segundo, no tengo datos del número de préstamos en invierno, pero en todo el año 2011 fueron 7.200 (La Voz de Galicia), lo que representa una rotación de cerca de 0,2 préstamos por bicicleta y día. Ese valor anual tan bajo muestra que el problema no estaba en el invierno gallego, sino en el sistema. En lo tercero no me quiero extender, porque lo de la baja utilización de la bicicleta por lluvia y falta de luz a ver quién se lo explica a los holandeses, daneses y suecos. Por desgracia, la historia no acaba aquí (o sí). Lo que iba a ser un cierre de servicio estacional parece haberse convertido en una eliminación del sistema (EFE). Y aunque la empresa municipal de transportes no ha informado sobre ello (Tussa-2), la web del sistema ha dejado de funcionar.

Estación de Combici en Santiago de Compostela. Foto: O Pimpín. Wikipedia

Que la bicicleta pública no se use es claramente un problema, pero vayamos al origen. Si un sistema tiene pocos préstamos puede ser o porque nunca debió implementarse al no ser la herramienta más adecuada para la ciudad y su objetivo o porque se planificó y gestinó mal. Algunos de los sistemas con baja utilización pueden pertenecer al primer grupo, pero no creo que todos estén ahí. Tiene que haber sistemas con posibilidad de mejora, y si es así ¿por qué sentenciarlos sin intentar corregir su rumbo? ¿Por qué dejarlos morir sin hacer nada por remediarlo? Esto de cerrar un servicio público argumentando que no tiene uso, sin preguntarse por qué, sin admitir errores y sin tomar medidas para mejorarlo, es preocupante. Lo que nos jugamos en cada decisión de este tipo no sólo es la inversión y la imagen dañada, sino el modelo de ciudad para muchos años. Y mientras le sigamos echando la culpa de todo al “inverno” sin ir más allá, seguiremos sin solucinar problemas y repetiendo errores.

Por cierto, que esto no sólo ocurre en la bicicleta pública. Por ejemplo, esta semana se sabía que el Ministerio de Fomento estudia eliminar algunas líneas de tren de media distancia por baja ocupación sustituyéndolas por autobuses (El Mundo). Eso mientras el mismo ministerio rescatará a las empresas concesionarias de autopistas de peaje ante su baja utilización (Cinco Días). Sin comentarios.

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Una respuesta a Quién sabe dónde y por qué

  1. Gestores incompetentes por dquier: así nos va.

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